EL APARTAMENTO

Estábamos en la casa de mi padre en Bonalba. Nos habíamos acostado bastante tarde la noche anterior después de tragarnos una película espantosa, acariciando a Andy y comiendo pipas de calabaza saladas como locos. En mitad de la noche, unos golpes empezaron a sonar dentro de la casa. Yo estaba en uno de los cuartos que tiene una sola ventana que da a poniente, y mi padre estaba en el suyo, donde la ventana da al sur. Oí cómo abría la puerta de su cuarto, después la puerta del pasillo y cómo se aproximaba a mi cuarto; mi esposa dormía profundamente a mi lado. Debían de ser como las cinco.

El creyó que éramos nosotros los que estábamos haciendo el ruido y empezó a aporrear la puerta diciendo que nos calláramos. Estaba enfadado como nunca, y gritaba tanto que casi no podía entender lo que estaba diciendo. Habíamos caído rendidos en la cama unas horas antes y no nos habíamos movido desde entonces; no sé que se imaginaba que estábamos haciendo. No presté mucha atención, ni a mi padre ni a los golpes y después de un rato los golpes cesaron y mi padre volvió a su cuarto. Inmediatamente los ruidos empezaron otra vez. Me levanté y fui a ver de dónde provenían.

En la parte trasera de la casa, donde hay un antiguo depósito de agua, había un hombre haciendo un agujero en el muro con un puntero, parece ser que para conectar unos tubos de agua. Tenía unos 45 años, era bien fornido, tenía el pelo casi blanco y la piel tostada por el sol. Se notaba que había estado haciendo este tipo de trabajos toda su vida. Ahora que lo pienso, seguro que éramos parientes; por un momento pensé que sus rasgos se parecían a los míos. Pero eso aquí es demasiado común, cualquiera que es de Alicante tiene algo que me resulta familiar. También pudiera ser que fuera la primera vez que le veía en toda mi vida.

Después de mirar más detenidamente vi que el agujero lo estaba haciendo en el gran depósito. Cada cierto tiempo nosotros teníamos que subir agua al tejado con cubos, donde hay otro pequeño depósito; desde allí se distribuye el agua a toda la casa a través de las tuberías. El depósito del tejado era una simple caja de cemento y de uralita. El de abajo era mucho más grande y estaba construido en cemento y pintado de blanco; ocupaba una gran superficie del patio, aunque sólo alcanzaba una altura de un metro en la parte más alta. Encima de este depósito era donde secábamos cada verano las almendras de nuestros almendros y también donde se ponían a secar las hojas de esparto con las que mi abuelo José hacía las cuerdas.

El hombre del puntero me saludó con un movimiento de la cabeza y una amplia sonrisa, pero sin dejar de trabajar. Él parecía conocerme de toda la vida. Me dijo que estaba intentando conectar unas tuberías al tanque para instalar una pila de agua que mi padre quería poner en el patio. Me pareció una idea absurda, poner una pila de agua en mitad del patio, pero yo no tenía ganas de discutir, era demasiado temprano, así que volví a mi cuarto pensando en el plan que nos esperaba para esa mañana: ir a la playa y comer paella en Casa Julio seguramente.

Durante los días que siguieron, este mismo hombre venía muy de madrugada, y continuaba su trabajo. Desde el primer momento me di cuenta de que estaba haciendo una chapuza y que la pila de agua iba a terminar inclinada; fui y se lo dije a mi padre, pero a él no pareció importarle mucho. Mi padre, para intentar remediar la cosa un poco, le dijo que por qué no continuaba y hacía un cuarto de baño completo, con muros y todo. Esto me pareció el colmo. Osea que no sólo le iba a pagar por un trabajo que obviamente no sabía hacer, sino que además ahora le daba carta blanca para seguir haciendo más chapuzas. ¡No me lo podía creer! En mi opinión, allí no hacía falta un cuarto de baño y ni siquiera una pila de agua. Pero permanecí callado; al fin y al cabo yo sólo estaba de paso en esta casa.

Así pues, en los días que siguieron yo me limité a observar. Y vi cómo construyó un trozo de muro que parecía iba a formar parte del cuarto de baño, pero que en principio sólo sujetaba la pila de agua. Era totalmente irregular y no era paralelo a la construcción ya existente del depósito, con lo cual dejaba un hueco entre las paredes que acabaría llenándose de basura y de bichos que no hacen ningún bien a la construcción. Prolongando este trozo de muro hasta una altura de dos metros y haciéndolo casar de mala manera con la antigua construcción, construyó lo que iría a ser la parte trasera del baño.

Al día siguiente instaló una bañera que quedaba debajo de la torcida pila de agua que previamente había instalado. Otro desastre. ¿Cómo pensaba que íbamos a lavarnos las manos?, ¿metiendo los pies en la bañera? Por fin decidí tener unas palabras a solas con mi padre, que parecía no querer ver el desastre de cuarto que nos iba a quedar finalmente si no impedía que este hombre siguiera trabajando. Me dijo que este hombre era su primo segundo o algo así, y que no podía simplemente decirle que se marchara, que tenía que tener mano izquierda y seguir con la farsa. La solución de mi padre fue poner otro lavabo más, ya que era evidente que el que había colocado no iba a ser utilizado nunca. La bañera quizás se salvara, al fin y al cabo podía ser utilizada como ducha.

Pero esta vez tampoco acertó el hombre; fue a poner la segunda pila justo delante de la puerta, de modo que cuando la abres es lo primero que te encuentras. Es más, casi no puedes meterte en el cuarto porque está el lavabo en medio. En aquel momento me pareció que este hombre estaba construyendo el cuarto de baño alrededor suyo, sin salir de él, vaya idea.

Y en efecto, así era precisamente cómo iba construyendo los muros. Sin moverse del centro del cuarto iba añadiendo los diferentes elementos y con sus manos, como si estuviera modelando, iba añadiendo capas como en un sandwich. El segundo muro lo empezó de la misma manera que el primero, es decir, poniendo una parte suficientemente grande como para sujetar el lavabo y luego prolongándola con sus manos, como modelando, hasta que el segundo muro se conectaba con el primero. Por supuesto el encuentro de los dos tabiques era completamente irregular y ridículo. Pero eso no parecía preocuparle mucho. Seguía trabajando y con rápidos movimientos de sus grandes manos iba añadiendo más y más cemento hasta que la luz que entraba desde el exterior iba poco a poco desapareciendo. No podía entender por qué no utilizaba una herramienta plana en vez de la palma de sus manos.

Había aún otra cosa mas que me dejaba perplejo: la manera en que relacionaba, o mejor dicho, la manera en que no relacionaba, la apariencia exterior de la construcción con la estructura interna del muro. Algunas partes de esta estructura estaban aún visibles y no parecía que fueran a ser utilizadas. Según iba construyendo, palpando con sus manos, pude ver que estaba haciendo aleatorios y superficiales contactos con la estructura interior. Estos muros me recordaban la Cripta en el Parque G·ell de Gaudí, que no son ni siquiera rectos, se curvan en la parte exterior hacia dentro y convergen en un punto, como la punta de un cuchillo.

Se concentraba en la superficie, trabajando con sus manos y con su cara muy cerca del muro, como si fuera miope y hubiera olvidado ponerse las gafas. Esta era la razón, seguramente, de por qué no le importaba lo que estaba pasando en la parte de dentro cuando estaba trabajando en la de fuera y viceversa. Y esto también ayudaba a la sensación que yo tenía de que la forma resultante no tenía nada que ver con el interior.

Mi padre asentía a mis quejas y sugerencias pero no parecía dispuesto a derrumbar lo que su primo lejano había hecho y dejarme a mí hacerlo todo desde el primcipio. De hecho pasó justo lo contrario. No se cómo ocurrió, pero después de terminar el cuarto de baño, este hombre convenció a mi padre de la necesidad de construir a continuación lo que se suponía iba a ser una cocina. Y después otro cuarto, que iba a ser un dormitorio; en total tres cuartos, con dos ventanas y una puerta al exterior. Iba a ser como un pequeño apartamento para huéspedes o algo así. La construcción no iba a ser muy grande, en total no llegarían a unos 20 mý, tomando casi todo el espacio del patio. Yo seguía sin entender nada, ¿por qué estaba construyendo esto?, ¿por qué ocupar el patio?, ¿por qué no, al menos, seguir los planos de los muros ya existentes de la casa?

Ahora me doy cuenta de que se estaba construyendo un Apartamento, pero en aquel momento parecía como si estuviera construyendo sin orden ni concierto, de que no había un plan, de que era primero una pila de agua, luego un tabique, luego una bañera, etc. Era como si yo sólo pudiera ver fragmentos y como si algo se me estuviera ocultando, como si mi padre no me lo estuviera diciendo todo; como que tenía algún acuerdo con su primo que no iban a decirme nunca.

A estas alturas yo ya pasaba del tema totalmente. Al día siguiente me fui de viaje. Y aunque no lo sabía en ese momento, era un viaje que iba a cambiar el rumbo de mi vida.